Sin más alternativa que ayudar al hijo de Hermes, fui corriendo en busca de la puerta. Cuando llegué, no pude hacer otra cosa que detenerme en frente y esperar......al valor. Por segunda vez en toda mi existencia infernal, tuve esa sensación; el miedo.
"Pero claro, esta es la puerta de Fobos!"
Gracias a que me detuve, pude ver el nombre de Fobos. Respiré profundo y giré la perilla. La luz era mucho menos intensa que aquella vez. Podía ver un poco el suelo.
El sirviente esperaba afuera. Todavía lo podía ver por el pequeño espacio entre la puerta y el marco de esta.
Totalmente decidida, entré casi corriendo en busca de la esfera. Entre tanta desesperación, me detuve de golpe y recordé las palabras del hijo de Hermes: “si tu mente está clara, no será difícil hallar la esfera.”
Cerré los ojos con mucha fuerza y comencé a caminar de manera automática hacia mi derecha. Sentí que algo frío subía por mis pies. Abrí los ojos y miré al suelo. La esfera brillaba mucho más que todo este lugar. La contemplé, por un momento me perdí en su curioso centro. La tomé con mucho cuidado y ésta se elevó un poco entre mis manos. Comenzó a girar detenidamente y parecía tener un mundo diminuto dentro de ella. Acerqué mi rostro y pude divisar a varias personitas dentro…momento, no eran personitas, eran Dioses. Dioses que yo conocí una vez.
..Mi cuerpo perdía todo su peso, sentí que la gravedad se apoderó del lugar y que mi corazón era sujetado con fuerza y luego estrellado contra mi cuerpo, como queriendo salir.
Era como si yo estuviera ahí, con ellos. Pero, todo se veía muy diferente a cuando yo estaba en el mundo de arriba.
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-¡No osen enfrentarme a nuestro padre! Por más apoyo que tengamos, no pienso hacerlo! Mas no hallo motivos para si quiera pensar una atrocidad como esta!
-Sereno, hermano. Este plan no fallará. Kronos estuvo abusando de su poder ante todo aquello existente en estos tiempos. No tenemos más solución que mandarlo al Tártaro.
-¿COMO HAS DICHO? ¿Nuestro padre en el Tártaro? Ustedes….Seres repulsivos, malignos, no hacen más que repetir la historia de nuestro padre. ¿Es que, acaso quieren ser como él? ¿Hijos que terminan derrocando al padre? ¡Vergüenza debería darles! ¡VERGÜENZA!
- ¡Hades, tranquilo! Esta es una decisión ya tomada. Si no te agrada, puedes irte. Pero de igual forma, Kronos sabrá que estabas involucrado. Somos todos o ninguno.
-¿Acaso Zeus también está de acuerdo en esto? ¿QUE LES SUCEDE HERMANOS? ¡Él es nuestro padre! Y como éste, nos ama como tal cual un padre digno del nombre puede hacerlo.
-Zeus está en camino. Esto se hará con o sin ti.
Vi a mi padre entrar en aquél salón. Estaba mucho más joven que la última vez que lo vi. Miró a Hades y a Poseidón. Por un momento, creí que me había visto.
-Hermanos, ya todo está listo.
-Zeus, ¡no puedes cometer tal atrocidad! Piensa en Kronos como el padre que es para nosotros!
-¡Es suficiente, Hades! Si tu postura tan necia permanece hasta el anochecer, entonces por la mañana, al morir nuestro padre, serás el único sin tener poder alguno. Quedarás no solo excluido, si no también marginado y olvidado en la eternidad por todos nosotros. ¿Quieres eso? ¿O prefieres reclamar lo que, por sangre te pertenece?
-Está bien….
- Hades, si tanto es tu dolor y oposición a este acto, puedes ser el primero en escoger tu territorio.
-P-pero Zeus…
-Calla, Poseidón.
-Quiero el Inframundo. Por toda la eternidad.
-¿Inframundo? Está bien.
Mi padre estaba muy confundido con la decisión de Hades. Por lo poco que llegué a conocerlo, pude darme cuenta que desde ese preciso momento, mi padre perdió la confianza en Hades. Y con razón.
-Ya está dicho. Por la mañana se hará todo. No hay más que hablar. Me retiro.
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Los tres hermanos tomaron caminos separados. Hades se quedó pensativo al marcharse. Jamás hubiera pensado que él era así, que tenía…sentimientos.
“Rayos, esa sensación de nuevo…!”
Caí en el Panteón. No había por donde dudar. Este lugar me lo conocía de memoria. Estaba exactamente en la habitación de mi padre. Pero, estaba totalmente destrozada. Las cosas por el suelo, apenas reconocía que tenía una cama, la puerta estaba partida en mil pedazos y se escuchaban gritos que venían del balcón. Mi padre gritaba con toda la furia que, por desgracia llegué a conocer.
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-NADIE DEBE ENTERARSE DE ESTO HERMES. ¡VE ALLÁ Y ARREGLA ESTO DE UNA BUENA VEZ!
- Yo, lo siento Zeus. Jamás creí que esto ocurriría. No...No es mi culpa.
-SÉ QUE NO ES TU CULPA HERMES, PERO ERES EL UNICO QUE DEBE TOMAR RESPONSABILIDAD DE ESTO. TÚ Y SOLO TÚ SABIAS CÓMO HACER QUE KRONOS SALGA. DIME, ¡¿A QUIÉN MAS LE HABLASTE DE LA PUERTA DE FOBOS?!
-A...nadie Señor. L...Lo siento, yo…solo se lo dije a mi difunta esposa. Y puedo jurar por mi propio hijo que ella jamás comentó de esto.
-¡TE CONFIÉ AQUÉL SECRETO SOLO A TI! Y AHORA ¿COMO ES QUE POSEIDON LO SABE?
-No...No lo sé. Lo siento Señor. No me haga daño, ¡se lo suplico! Juro arreglar todo este asunto, solo deme dos días, se lo pido con todo el respeto que se merece.
-¿DOS DIAS?! TIENES UN DIA Y ESO ES TODO. ¡VÉ DONDE POSEIDON CON IRIS, DE INMEDIATO!
-Está bien, Señor. Lo siento. Verá que todo estará en su lugar en un solo día.
-Vete ahora mismo. Yo me encargaré de tu hijo, dependiendo de tus actos.
-No, no, por favor, a él no le haga daño, es solo un muchacho…
-No le haré daño alguno, ¡solo apresúrate!, antes que mi hermano sepa cómo usar esa puerta. VETE.
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“¡Momento! ¿Qué…rayos sucede aquí? ¿Hermes? ¿Mi padre? ¿Qué rayos….? ¿Será que Hades sabe de esta puerta? Y si no lo sabía en ese tiempo, ¿lo sabrá ahora? Hades es tan…¡NO!”
Sentí los síntomas del viaje y caí con fuerza en el suelo. La esfera de Cristal estaba en mis manos. De pronto, todo el lugar se tornó negro. Me levanté. No podía ver nada. Sentí aquél frío desde mis pies, hasta por la espalda. Di media vuelta con torpeza y sentí que algo me sujetó los pies, logrando que me caiga de nuevo, con más brutalidad. Gritando con desesperación, estaba siendo arrastrada por todas partes. Logré escuchar susurros de una voz bastante gruesa y tenebrosa. La situación era bastante macabra y dolorosa. No dejé de gritar durante varios minutos. Aquellas manos que sujetaban mis pies, comenzaron a quemarme e intentaron quitarme la esfera. La sujeté con más fuerza. Aquellas manos me quemaban el cuerpo. Sentí las llamas en mis manos, pero nunca pensé en soltar la esfera. En medio del pánico, recordé al Hijo de Hermes.
“Piensa, piensa…Esta esfera es mía. Solo yo sé controlarla.”
Cerré los ojos con fuerza y solo se me ocurrió una cosa.
“Quiero ir a la mazmorra. Mazmorra…Maldita sea! Quiero ir a la Mazmorra!”
Respiré profundo al sentir de nuevo los síntomas de un nuevo viaje. Sabía a dónde estaba de ida y no podía sentirme más feliz.
Miré al hijo de Hermes agonizando. Mi demora fue obvia, al igual que su disgusto. Me acerqué con temor y mi cuerpo aún temblaba. Con el poco aliento que me quedaba logré dar una explicación bastante resumida para mí.
-Esta esfera es un asco. Esta poseída. Necesito que te vayas y no vuelvas nunca más.
Recogí la esfera sin dar chance de palabras al hijo de Hermes.
-Aquí tienes tu esfera mágica.
Salí corriendo de la mazmorra con los ojos empañados.
Jamás pensé vivir tal cosa. Me sentía miserable, esa sombra tenebrosa me había quemado por todas partes y había puesto mucha nostalgia en mí, sin motivo alguno.
“No soy valiente. Ser valiente significa no tener miedo. Ser valiente significa avanzar a pesar de tener miedo, si es que lo hay. Pero yo, no tengo valentía ni miedo. Tengo cobardía. Cobardía de lo que vendrá. El cobarde es el que no da ni un paso, sin tener todo asegurado. Pero yo, soy hija de Dioses, no puedo ser cobarde. No se me permite. Los Dioses, también tienen temor, miedo, pero son valientes y luchan. Luchan por el bien, por terminar con el mal, luchan por la justicia y por el amor….Si, amor… Un Dios, interviene en la lucha del bien contra el mal. Para eso, debe saber distinguir cual es el bien y cuál es el mal. Reconocer el mal es vital para un Dios. No siempre el mal es reconocible, a veces, el Dios finge dejarse engañar por el mal para desenmascararlo. Cosa que debo hacer yo…Pero cuando el Dios conoce la cara del mal, este no esquiva la lucha. El Dios tiene que ser valiente, encontrar en el peligro la salida del peligro, pero por sobre todo, la lucha del Dios tiene que tener un sentido y el sentido de cualquier lucha es el amor. Amor por ese mundo en el que vivía y el amor mismo por regresar.
Lo que nos salva y nos da valor es el amor. Lo único que se necesita para ser un verdadero Dios, es el amor. El amor que permite vencer la cobardía y nos da el valor para dar pelea, aunque estemos en la boca del lobo, en el abismo del infierno o incluso, en medio de un llanto desesperado. Soy hija de Dioses, no debo ser cobarde. No debo huir nunca y menos cuando sé que alguien me necesita. Alguien muy importante…”
Mi llanto se vio interrumpido por algo que extrañé por varias horas; esa voz dulce.
-…¡Koré!
che me salia el blog cerrado¡¡¿
ResponderEliminarYo también tuve problemas para leerte. Por suerte, ya pude hacerlo. Espero ansiosamente la llegada del nuevo capítulo.
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