Abrí un ojo debido al insoportable ruido que parecía estar encima de mi oído. Salté histérica de mi cama en busca de la causa de tanto ruido. En mi camino de histerismo, tropecé con varias cosas, lo cual me puso de mejor humor.
-¡¿QUIERES DEJARME DESCANSAR POR UNA BUENA VEZ?! ¿QUE ACASO YA NADIE TIENE RESPETO HACIA MI?! ¡QUE LES PASA!
Miré de nuevo, detenidamente y reconocí esa hermosa capa roja con detalles dorados. Se levantó y me perdí en aquél broche de su pecho que sujetaba la capa, dorado con forma de un ala majestuosa, adornado por un estilo raro de trenzas doradas a los costados, que hacían el enlace entre la capa y el broche, junto con los detalles, quedaban dos tiras también doradas, una debajo de cada brazo, terminando de sujetar la capa roja.
-…¿Me oyes?
-Sí, lo siento. ¿Decías?
-Que siento mucho haberte despertado. No encuentro la esfera, la tenía hace unos minutos, luego te…me distraje y se me cayó de las manos. Eres muy desordenada, ¿lo sabías?
-Lo sé, pero no me interesa. ¿Te distrajiste? …¿PERDISTE LA ESFERA?
-Tranquila. Fue hace un par de minutos nada más. Sé que está por aquí, es solo que, eres bastante deso…Buscaré la esfera.
“¿Hace unos minutos? Que le pasa, ¿Ya estaba aquí?!!!”
-Te ayudaré.
Lancé un par de cosas por el aire, en busca de la famosa esfera. El hijo de Hermes parecía frustrado al ver tanto desorden, por lo que optó por acomodar algunas cosas. Acto al cual yo respondía desordenando lo que él tocaba.
-Dime, ¿Hace cuánto tiempo que llevas en mi habitación?
- ¡La encontré!
“Que esfera tan ocurrente…”
-Bien. Me alegro. Ahora, ¿Podrías decirme qué haces aquí? Se supone que me tomaría un tiempo para “entrenar” en la puerta de Fobos.
-Sí, sí. Vine porque tu padre me pidió que te dijera que no salgas de tu habitación por más que Hades proteste. Aquí estás lo más segura posible, incluso si por desgracia, repites la experiencia de Kronos... Eso era.
-Bien, entendido. Gracias.
Me acerqué a mi puerta y me despedí cortésmente cínica. Cerré la puerta y me lancé sobre mi cama. El descanso era bienvenido de nuevo.
-Señor, disculpe, acabo de regresar del Inframundo.
-¿Cómo te fue?
-Su hija está bien. Algo terca, ya sabe, pero bien.
-Mi hija nunca estuvo bien, Ermes. Eso lo saben bien todos.
-Lo siento, señor.
-Te pedí que no me llamaras de esa manera.
-Zeus..Escuche, yo le prometí cuidar a su hija desde mis tiempos de paidón.
-Lo sé. Aflicción es lo que tengo, Ermes. Y no se me quitará hasta ver a mi hija al lado de su padre y más aún, al verla con su madre. La cual no hace más que lamentarse en los bosques desde el tiempo de aquel rapto.
-Si pudiera hacer algo…
-Nada. Ella debe terminar de conocerse. Debe capturar todos sus poderes. Tú lo hiciste a la primera. Mi hija puede hacerlo.
-Zeus, siempre tuve curiosidad acerca de la esfera. Mi padre siempre contestaba de manera cortante; “Es decisión de Zeus darte toda esa información”, decía.
- Siéntate.
Hace mucho tiempo, existía un Dios de la Agricultura y la Cosecha; Saturno. El cual se casó con Rea. En aquél tiempo, Rea había tenido varios hijos con él. Entre ellos, Júpiter. Saturno, al estar seriamente obsesionado con Rea, devoró a todos sus hijos, tanto de él como de ella. Rea, angustiada y al borde de la vesania por los actos de Saturno, llevó a Júpiter lejos de él para salvarlo. Él, empeñado en matar a Júpiter, salió en su búsqueda, mientras que Rea, ya desesperada, buscó a sus padres. Rogó y lloró durante muchos días, hallando el escondite perfecto para el último de sus hijos. Fue entonces, que sus padres le aconsejaron la Isla de Creta, lugar donde nació Rea.
Júpiter, al ser tan solo un bebé, necesitaba de su madre, la cual no halló más remedio que esconder a su hijo en el Risco de Metis. Una vez ahí, Rea llamó a sus padres, reclamando el poder absoluto de su esfera. Ambos padres, temerosos de tan poderoso objeto, dudaron en otorgar a Rea su esfera. Ésta les recordó el legado de Júpiter, quien estaba destinado a derrocar a su padre. Por lo tanto, éste merecía vivir. Los padres de Rea, concedieron la esfera a los dominios de Rea. Siendo este, el objeto con mayor poder en todo el cosmos.
Urano, el padre de Rea, le ordenó destruir la esfera luego del derrocamiento de Saturno. La hija, deseosa de la salvación de Júpiter, aceptó innumerables promesas que su padre le hizo prometer. Fue ahí, cuando Urano, con mucha precaución, tomó la esfera y miró a su hija fijamente.
“Entonces hija mía, honra a tu linaje con suma responsabilidad y cuidado primordial de la esfera de Fanes, Dios antiguo Dioses y Nix, hija de Fanes, única heredera de tan sustancial energía; te concedo a ti, el único objeto de sumo poder que se me fue otorgado, en descendencia Nix. Confiando en tu buen empleo y sin más que callar, tu madre y yo, nos despedimos.”
Rea, afligida, aceptó su cargo y herencia de la esfera de Fanes y Nix. Luego de instruir a Metis con Júpiter y los cuidados de éste, Rea no hizo más que huir, dejando solo la esfera como única arma para su hijo, contra Saturno. Llegado el día del derrocamiento, aquella esfera evolucionó a la que más tarde se convirtió en la esfera de Saturno y Júpiter, debido a la serie de sucesos ocurridos en su tiempo. Aquella esfera fue más que un pilar, una base en la existencia de Júpiter. Pasado su tiempo, este Dios eligió, de igual manera de hizo Fanes, a la única y fémina descendiente de su linaje. Llegado el nacimiento de latan esperada hija, la esfera de Saturno y Júpiter, estará en manos del guardián de la primogénita de Júpiter.
-Disculpe la interrupción…Júpiter es, usted…¿cierto?
-Así es.
-Pero, ¿qué pasó con el guardián?
-El guardián de mi hija, está sentado a mi lado, conversando conmigo.
-¿Yo? Zeus, con todo respeto, está delirando. Yo no puedo ser, un guardián. ¡Apenas puedo con el trabajo de mi padre!
-Sereno, Ermes. Fue tu destino nacer. Tu madre y mi esposa sacrificaron mucho para tenerlos a ambos aquí, con vida. Los Oráculos han hablado por siglos acerca de esta profecía. Mi hija nació con su guardián. Debido a varios percances, tú eres el dueño y encargado de la esfera, hasta que mi hija recupere y controle sus poderes.
-Lo sé. Espere, ¿dijo, “dueño” de la esfera? Creí que Kore era la única heredera de la que alguna vez fue su esfera, Zeus.
- Tú no eres simplemente el guardián o protector, Ermes. La esfera también te pertenece.
-¿Cómo dijo?
-Así, tal como oyes, la esfera es tuya, tanto como de mi hija.
-P...Pero, cómo…
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