Cuando era chica, recuerdo que mi madre me cantaba todas las noches antes de dormir. Ella decía que yo siempre lloraba por las noches. Pero jamás me di cuenta. Siempre creí que eran cuentos suyos, buscando un motivo para cantarme y contemplarme al dormir.
Durante dos años, me acostumbré.
Un día desperté y mi madre no estaba. Se había ido con mi padre, en busca de mi tío.
Estuve asustada todo ese día. Llegada la noche, me invadió el miedo total. Me recosté en la cama de mis padres. Los ruidos del Olimpo se hacían más fuertes, o era yo la sensible que escuchaba todo más fuerte. Pasada la media noche, mis ojos se cerraban. El viento se anunció en la gran ventana, destapándome totalmente, logrando que la puerta ofrezca una vista de toda la habitación.
Mi corazón se alteró provocando temblor en mi cuerpo.
Me cubrí toda, con miedo. Pasados unos segundos, la puerta protestó contra la pared y en ese segundo abrí los ojos.
Sentí un frío en el hombro izquierdo que invadió, curiosamente, sólo ese sector.
La respiración agitada se unió a mi corazón y al temblor.
Ese frío se fue expandiendo por mi brazo. Iba...y venía.
El descontrol se fue perdiendo.
La lluvia le había ganado al viento que fue el protagonista de mi noche.
Y aquél frío por mi brazo, que parecía seguir un camino repetidas veces, iba adoptando la sensación de una mano.
Tuve miedo de mirar. Si miraba, era responsable de lo que vería. Era irresistible. ¿Estaba preparada?. No.
Dejé al descubierto solo mis ojos, que seguían cerrados con fuerza. La sensación fría se había mudado a mi cabeza. Reaccioné tal cual como todos, con más miedo. Luego, como pasó con el brazo, mis ojos perdían fuerza, se relajaban.
Abrí un ojo, con miedo. Mucho miedo.
...No vi nada.
Bueno, en síntesis, no vi nada. Solo...un reflejo. Ni siquiera era una sombra, era un reflejo. ¿alguien? ¿algo? ¿o un simple estimulo mental?
No. Era un reflejo. Un reflejo con integridad, que se alejó al momento en que moví la cabeza e intenté acercarme.
Desde aquella noche, no necesité a mi madre para dormir. Jamás le dije esto.
Hasta el momento, es uno de mis secretos. Un secreto que, sé que puede ser una condena, o una elección, y elegir guardar un secreto, es un hecho que nadie nos puede quitar. Nadie. Todos tenemos secretos de todo tipo y que, a veces preferimos callar…por un buen tiempo.
Y en estas noches, tras utilizar la esfera y evitar a Kronos, sueño con esa noche.
Estaba en buen camino de entrenamiento de mis poderes, junto con la esfera. Hasta que Kronos intentó atacarme. En medio de tanta agresividad por ambas partes, logró lastimarme con su espada. Bueno, con la espada del padre de Hermes. Pude reconocerla al segundo, pues tenía alas entrelazadas en remplazo del clásico mango. Tras herirlo después de lo que me hizo; huí.
No le presté atención a la herida, pues no era nada grave. Pasada la media noche, desperté al sentir que me ahogaba. Esa noche, fue la inauguración del mismo sueño durante todas las noches, hasta entonces.
¿Qué haré? Esperar a dominar mis poderes para hacer buen uso de la esfera, pues el hijo de Hermes espera que, para su llegada, yo tenga todo lo “esférico” bajo control.
El sueño, es algo que pasará con el tiempo, pues no hace más que recordarme lo que pasó esa noche con ese reflejo. Aunque, me perjudica recordar todo eso, ya que solo me despierto con la misma sensación de miedo, angustia y…............nostalgia.
